Imagina esto: la suave brisa invernal meciendo los pinos, el aroma a madera quemada danzando en el aire fresco y el suave murmullo de un arroyo cercano. En el interior, una chimenea crepita, su luz baila sobre los rostros sonrientes de tus hijos, absortos en un juego de mesa. Tú y tu pareja, con una copa de vino, observáis la escena, la tranquilidad se asienta en el corazón, un “respiro” anhelado de la rutina diaria. No es solo un viaje; es una declaración de amor a la familia, una oportunidad para reconectar y crear recuerdos imperecederos. Este San Valentín, ¿por qué no cambiar la cena romántica por una aventura en una cabaña rústica, pero con todas las comodidades, en el corazón de España?
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